27 ago. 2014

Trabajo vital

Cuando las personas buscan empezar un proceso terapéutico generalmente van enfocadas a resolver o eliminar algún asunto en su vida. Puede llegar el momento en que ese aspecto deje de molestar, ya sea por el cambio de enfoque de la vida del paciente o el trabajo realizado en sesión. La Terapia Breve procura que el proceso no pase de 12 sesiones, el terapeuta se enfoca en el encuadre y la generación de estrategias de solución. Esto hasta aquí está bien, ésta estrategia va de acuerdo a los tiempos modernos: la imposibilidad de pasar años en sesiones de terapia, la búsqueda rápida y efectiva de soluciones ante una situación, y la situación económica de la persona. La cuestión aquí reside en si ese asunto ha sido cerrado totalmente por el paciente, si no es síntoma de otra situación y la molestia vuelva a presentarse en otra forma, como lo fuera un catarro recurrente.
Los profesionales de la salud mental están capacitados y formados para ver a la persona como una totalidad, no somos coches que les falla simplemente una pieza o una parte del mecanismo, cada situación corresponde a una totalidad que quizá no haya sido atendida. El ser humano no atiende a la idea de la obsolescencia programada de las cosas: si algo ya no sirve hay que tirarlo y conseguir uno nuevo. No podemos mutilar aspectos de nuestra existencia, cada uno cambia conforme vive experiencias y toma decisiones, es la evolución y el enriquecimiento de sí mismo.

Creo en que cada ser humano tendría que atravesar por un proceso de crecimiento guiado, tanto de autoconocimiento del pasado y del presente, de cierre de asuntos inconclusos y la generación de nuevos recursos personales.
El autoconocimiento es una de las tareas de la existencia misma del ser humano, la Psicología trabaja en esto a manera de Ingeniería inversa: a partir de la consciencia de sí mismo ha ido esclareciendo las capacidades y habilidades del ser humano, las teorías de la personalidad y los distintos “mecanismos” naturales que disponemos. Conforme desarrollamos nuestros intereses y se nos ha permitido ir conociendo las diferentes actividades que se desarrollan tanto en el juego, el aprendizaje, la relaciones personales y el trabajo, podemos hacer un inventario de habilidades e intereses, e incluso conocer nuestra personalidad y actitudes hacia distintos temas y aspectos de la vida. Antes de la Psicología y las teorías de la personalidad, la Astrología ya hacía lo suyo en cuanto a dar a la persona una guía en cuanto los elementos de su ser. Más que hablar de cuestiones futuras veía hacia adentro de la persona a través de las influencias energéticas de cada planeta. Recordemos la frase que estaba escrita en la entrada del Oráculo de Delfos: Conócete a tí mismo; no era una frase hecha a la ligera, es un consejo básico para todo aquel que desee desarrollarse a plenitud, no por nada iban a consultar los antiguos griegos al Oráculo, buscaban respuestas a situaciones en su vida que en ese momento no podían comprender o ser conscientes. No era el simple horóscopo de la mañana de hoy en día. El autoconocimiento es una de las tareas básicas y vitales del ser humano, esto se logra a través del trabajo interno, de ser totalmente sincero y comprometido consigo mismo para desvelar esos aspectos en apariencia desconocidos. Como elementos básicos a trabajar considero que el primero sería el Niño interior, sanar aspectos y situaciones que entonces no sabíamos manejar y que en cuestión de relaciones personales y formas de ver la vida influye directamente. Otro sería la resignificación que hemos hecho de nosotros mismos en la adolescencia, volvernos adultos aportando nuestro ser al mundo en vez de seguir imitando estilos y personas. El trabajo con la historia familiar, sus enfermedades, asuntos inconclusos u ocultos también es parte del trabajo esencial de la persona, si bien hemos llegado a esa familia para aprender algo de ella y por otro lado complementar la consciencia de la familia como un ser en sí.

Debo advertir que todo cambio lleva un movimiento de todo el entorno, por eso es que a veces nos cuesta tomar la decisión de entrar en un proceso de terapia, pero siempre los beneficios y las ganancias han superado los costos, entre ellas es la de liberarnos de pensamientos, sentimientos que eran ya un lastre en nuestras vidas y persona, y obvio, la consciencia de nuevas habilidades y capacidades, fluir con lo que le gusta a uno. La identidad cambia día a día, con cada experiencia y tiempo que pasemos con otras personas y seres queridos, querer permanecer siempre en lo mismo es nocivo para nuestra esencia. Muchos buscan ser únicos imitando a otros o a una moda, cambian de guardarropa, sin embargo no se puede afirmar que exista una transformación. Con el conocimiento de uno mismo viene el desarrollo, la evolución de la persona y su espíritu. Con estos aspectos del trabajo vital que podríamos tener cada uno nos facilita también la autoconsciencia, el desarrollo personal y el mejor manejo de situaciones conflictivas que puedan venir para responder mejor y pueda solucionarse de forma más efectiva y fluir mejor con el ambiente y los demás.

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